Educativo, Nutrición

Ya no sé qué hacer para que mi hij@ coma.

Por: Teresa Chueca García Pye

A lo largo de mis años de experiencia como nutricionista en consultorio, viendo a niñ@s y adolescentes, hay una preocupación que se repite en muchos padres: “mi hij@ no come”. Ante este enunciado alarmante, debemos analizar la situación de manera objetiva para poder encontrar la solución más adecuada.

Si fuese el caso de que nuestr@ hij@ presenta una pérdida total de apetito y no desea ingerir ningún alimento, debemos preocuparnos de la posible existencia de una anemia, parásitos u otra enfermedad que pudiese interferir con el instinto de supervivencia que tenemos todos los seres humanos de alimentarnos, como animales que somos. Si, por lo contrario, nuestr@ hij@ ha disminuido la cantidad de alimento usual que consumía o se ha vuelto más selectivo con los alimentos que solía comer, la cosa cambia.

Lo primero que debemos observar, más que el peso, es la talla de nuestr@ hij@. Existen unos indicadores llamados percentiles que manifiestan, de una cantidad de 100 niñ@s del mismo sexo y rango de edad, el puesto en el que se encuentra nuestr@ hij@. Ojo que no existe ningún puesto mejor o peor. Dependiendo de la genética (talla de los padres) nuestr@ hij@ puede estar dentro del rango promedio (percentil 50), rango alto (percentil 90) o rango bajo (percentil 25), sin significar que tiene alguna deficiencia en su crecimiento. Podríamos preocuparnos, por ejemplo, si nuestr@ hij@ ha estado por los últimos 5 años en el percentil 90 y luego pasa a estar en el percentil 25; en ese caso, habría que acudir a nuestr@ pediatra para realizar el análisis del caso.

En cuanto al peso, en la etapa del crecimiento no es muy determinante. Hay niñ@s de la misma edad que presentan diferentes contexturas y por lo tanto diferentes pesos; mientras nuestr@ hij@ mantenga su rango de crecimiento de talla, no tenemos que preocuparnos. Es natural que conforme pasen los años, debido al aumento de talla, nuestr@s hij@s no ganen peso como antes o inclusive pierdan un poco de peso y/o visualmente aparenten estar más delgad@s.

Recordemos que, desde el nacimiento, el alimento total que reciben nuestr@s hij@s es la leche (ya sea materna o maternizada) y luego, a partir de los 6 meses, comenzamos a introducir alimentos complementarios para iniciar el paso de una alimentación netamente líquida a una alimentación sólida, que en un futuro le proporcionará, por sí sola, todos los nutrientes que necesita. Esta alimentación complementaria, como su nombre lo dice, complementa a la leche materna o maternizada (no la suplanta); la toma de leche a libre albedrío no debe suspenderse en su totalidad hasta que nuestr@ hij@ cumpla los 2 años. ¿Por qué? Porque desde los 6 meses a los 2 años la leche va cambiando en cuanto a la densidad y los nutrientes que nuestr@ hij@ necesita debido al crecimiento, y los alimentos deben ir introduciéndose de a pocos conforme nuestr@s hij@s van reconociendo distintos sabores, colores y texturas.

Es muy importante, en un inicio utilizar papillas aplastadas y no licuadas, para luego ir aumentando en cada mes el tamaño de los trozos y que el fortalezca la mandíbula para una masticación normal. Un truco que nos puede ayudar a la aceptación de los alimentos nuevos en nuestr@s hij@s es, por ejemplo, al darle una papilla de brócoli, ponerles un tallo de brócoli al lado para que puedan reconocerlo, inclusive jugar con él, y asociarlo al color y textura de lo que están comiendo. De esta manera, la transición será más fácil.

Otro aspecto importante durante la introducción de alimentos es lograr que nuestr@s hij@s sean conscientes de lo que están ingiriendo en un ambiente agradable y familiar. ¿Cómo lo logramos? Primero, debemos evitar cualquier distracción que genere estímulos importantes que l@ distraigan de la actividad central: comer. Por ejemplo, pantallas o juguetes. ¿Por qué? Si nuestr@ hij@ ingiere el alimento que nosotros le damos a la boca con otro estímulo presente, el sabor, olor, textura y visión del alimento va a pasar totalmente desapercibido. Esto puede generar, en un futuro, que nuestr@ niñ@ sea reaci@ a comer, a partir de los 3 años aproximadamente, ya que cuenta con facultades de decisión más desarrolladas que harán que rechace lo desconocido.

En cuanto al ambiente, debemos procurar que éste sea lo más agradable a la hora de la comida. Nuestr@s hij@s aprenden por imitación y tienen mucha sensibilidad emocional. El momento de alimentación debe ser un momento de felicidad y descubrimiento, con un nivel de estrés de cero. Si a la hora de la comida, l@s obligamos a comer algo que no les agradó o nos encontramos de mal humor, se los transmitimos y es muy probable que sientan un bloqueo. También, tengamos cuidado con lo que decimos frente a ell@s con respecto a la alimentación; las madres y los padres, para nuestr@s hij@s, somos l@s dueñ@s de la verdad absoluta y los modelos a seguir. Si nuestr@ hij@ nos escucha diciendo que no come o que es difícil para comer, va a asumirlo como una realidad y probablemente ese sea el resultado. De igual manera, si nos escucha decir que no nos gusta un alimento o no nos ve comerlo, no va a comprender por qué le damos algo que es desagradable para nosotr@s y va a recibirlo con la misma actitud.

Los horarios y capacidad gástrica también son importantes. ¿Les ha pasado que en un momento pueden tener hambre, pero si se les pasa la hora porque han tenido cosas que hacer, automáticamente ya no tienen hambre? ¿O cuando están a dieta e ingieren menos comida los primeros días se quedan con hambre, pero luego se acostumbran porque el estómago reduce su tamaño? Lo mismo les pasa a nuestr@s hij@s. Tengamos en cuenta que los horarios de nuestr@s niñ@s no siempre van a estar en sincronía con los nuestr@s, pero podemos coincidir en las comidas principales. Para mantener un peso y, sobre todo, un crecimiento adecuado en nuestr@s hij@s es importante que reciban un aporte continuo de nutrientes. Esto significa que debemos proporcionarles un desayuno balanceado y luego deben tener una ingesta de alimentos como mínimo cada 2h y como máximo cada 3h. La capacidad gástrica de nuestr@ hij@ también es importante para poder calcular el volumen que debemos darle. El estómago de nuestr@s hij@s es del tamaño de su puño (no del nuestr@, del puño de la persona que va a ingerir el alimento), y éste puede expandirse como máximo en 2 ½ a 3 veces su tamaño. Darle una cantidad menor o mayor a su capacidad estomacal, pude alterar el apetito disminuyéndolo por acostumbrarse a un volumen menor o por sentirse atiborrado de alimento y tener un exceso de volumen que permanece hasta la siguiente comida.

Por último, pero no menos importante, se encuentra el aspecto psicológico. La ingesta de comida es de las pocas variables que l@s niñ@s pueden controlar en su vida, a partir de los 2 a 3 años. ¿Qué quiere decir esto? Que, si nuestr@ hij@ está bajo algún tipo de estrés, puede tomar la decisión de no comer como señal de protesta. ¿Por qué? Cuando l@s niñ@s no pueden expresar sus emociones, ya sea por miedo o por falta de madurez emocional, manipulan el entorno que l@s rodea (de manera consciente o inconsciente). De esa forma, logran que les prestemos atención y que sepamos que hay algo con lo que no están de acuerdo.

¿Cuáles pueden ser esas razones? El cambio inesperado. Bien puede ser por una mudanza, cambio de colegio, separación de figuras familiares (mamá-papá, mamá-mamá, papá-papá, etc), mayor ausencia de padres o madres, etc. Cualquier cambio inesperado en la vida de l@s niñ@s que altere su estabilidad emocional pueden afectar su comportamiento alimenticio, ya sea comiendo en exceso o dejando de comer. ¿Cómo podemos prevenirlo? Conversando con nuestr@s hij@s para anticiparles el cambio y comentarles que comprendemos que es una situación agobiante pero que estaremos acompañándol@s durante todo el proceso.

Recordemos siempre que cuando identificamos un problema en la alimentación de nuestr@ hij@ que aparentemente no tiene motivo y no logramos llegar a una solución, debemos acudir a l@s especialistas de la salud: médico, pediatra, nutricionista, psicólog@. Son ell@s l@s que, con sus conocimientos y experiencia, pueden orientarnos mejor para encontrar una solución armónica.

Teresa Chueca García Pye

Licenciada en Nutrición y Dietética.
Máster en Terapias Basadas en Mindfulness
Colaboradora de las ONG Aprendo Contigo y Unos días con Bobby.

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